“Sí, hay que sacar la gravedad, me repetí una y otra vez. Porque con sólo sacar la gravedad -energía gravitatoria- se puede cambiar de un plumazo la vieja concepción tempo-espacial que desde hace cerca de 500 años domina nuestro sistema occidental de comprensión del mundo. Una y otra vez me pregunté: ¿Sacar la gravedad? ¡Por favor, qué disparate! Sin embargo, a los pocos días me encontraba sumergida en los comienzos de una profunda investigación que me llevaría a la creación de insólitas aventuras espaciales.
Por favor… busque un espejo que pueda sostener entre sus manos, colóquelo debajo de sus ojos enfocando al techo… y luego recorra libremente su casa. Allí brotará lo desconocido dentro de lo conocido, el universo simultáneo, ambivalente y fértil de su propia percepción. ¿Será ésta una antesala para replantearnos la convención reductiva heredada del espacio tiempo?”
¿Qué ven tus ojos que mis ojos no ven? ¿Qué siente tu cuerpo que mi cuerpo no siente?
La mirada no sólo proviene de la visión sino también de la sensibilidad. La mirada que establezcamos con el espacio determina en gran medida nuestra condición de estar escindidos o implicados en todas las manifestaciones de la naturaleza, ya sea interna (nosotros mismos) como externa (sociedad, naturaleza, planeta, universo).
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